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miércoles, 11 de febrero de 2015

A tres grados bajo cero



Hacía mucho frío, pero yo apenas lo sentía. Mi cara roja era un radiador, estaba demasiado nerviosa y a pesar de que hacía únicamente -3 grados mis nervios me hacían pasar mucho calor. Aquí en medio de la nada, un lugar perfecto para quedar ¿no se me pudo ocurrir nada mejor? A penas hay 5 árboles, algún banco (como para sentarse con este tiempo) y una pequeña fuente, aunque no estaba activa era preciosa, tallada de blanco con diferentes figuras, mujeres, hombres, animales… Por suerte no estaba sola, es más estaba demasiado bien acompañada. Eso me reconfortaba. No podía dejar de mirar el reloj y cuanto más se acercaba la hora más fuerte palpitaba mi corazón. Mis amigas intentaban calmarme en vano. Ya era de noche y lo único que nos alumbraba eran unas pocas farolas que había instaladas, las pocas que funcionaban.

¡Qué incertidumbre, encima llega tarde! Todos esos nervios empezaron a desaparecer, dando paso a un sentimiento de furia. ¿Por qué tiene que tardar tanto? Pensaba yo, sin embargo solo hice terminar esa frase para de repente verle pasar por el umbral de luz. Esa furia dio paso rápidamente a la vergüenza. Mi corazón palpitaba como nunca lo había hecho, esa fue la primera vez que sentí algo así. Se acercaba a paso ligero, pero con cara de no saber lo que se iba a avecinar. Y al fin llegó el momento de la verdad, toda esa realidad virtual daría paso a la verdadera realidad. Intenté mirarle a los ojos pero la vergüenza hizo que cambiara rápidamente de opinión haciendo que no pudiera dejar de mirar al suelo. En lo que se acercaba, no quería que me invadieran un millón de sentimientos, un millón de preguntas sobre si esto era lo correcto así que me dispuse a contar las baldosas. (Lo sé ¿Qué clase de persona hace eso? Sí, fui tonta) Medio minuto después sentía su presencia a mi lado y parecía que el corazón saldría disparado de mi pecho. Subí la mirada del suelo para toparme con unos ojos castaños que brillaban con luz propia, marcados por unas cejas bastante gruesas aunque bien definidas (se había hecho las cejas, supongo que con cera). No pude evitar desviar la mirada y qué mejor que mirar sus labios descaradamente. He de decir que me quedé varias veces embelesada mirando esos mágicos labios. Su expresión facial daba signos de confusión, pero por qué no decía nada y por qué yo tampoco. Convertida en una piedra él comenzó a hablarme y solo conseguí balbucear un simple hola. Por suerte mis amigas estaban aquí para rescatarme. Empezaron a presentarse, y aunque él parecía estar agradado de saludarlas no me quitaba ojo de encima, lo que me sonrojaba enormemente.


De verdad que intentaba mantenerle la mirada, pero esa mirada intensa parecía que vagaba por lo más interno de mi ser, como si con solo mirarme él pudiera conocer mi pasado y futuro.
Terminó de saludar a todas y ahora venía el gran momento de desasosiego ¿Qué íbamos a hacer? ¿Nos separaríamos del grupo? Por favor Dios, no. Me muero de vergüenza. Sin embargo mis rezos no parecieron ser escuchados ya que cierta persona a la que yo llamaba amiga sugirió un paseo íntimo. Un paseo, con ese frío por un parque solitario. No obstante hoy en día le agradezco que lo hiciera. En fin nos dejaron solos a la intemperie como 2 vagabundos que acaban de conocerse y vagaban por el frío de la noche. Al principio simplemente caminábamos, dando vueltas por ese maldito parque, supongo que a él le daba tanto corte como a mí entablar una conversación.

 Pero cuando estábamos lo suficientemente alejados del alcance del grupo me cogió los brazos. Y me llevó a ese banco solitario del que ya he hablado. En ese momento me temí lo peor, vi cómo pasaban por mi mente como imágenes las conversaciones que habíamos tenido por whatsapp durante todo el día se postergaban hasta la madrugada. Me dijo que me sentara, yo lo hice y él se colocó a mi lado. Me había creado demasiadas expectativas de una relación virtual. Estaba a solas con un lunático al que conocía únicamente por chat y desde hace unos días. Este es mi fin, pensaba yo. Pero dulcemente acercó su mano a mi cara, la sujetó y con un te quiero sus labios rozaron los míos. Y de pronto dejé de sentir miedo, en su lugar hubo una explosión dentro de mi ser, la electricidad recorrió todo mi cuerpo haciendo que me estremeciera y supongo que sentí eso que le dicen mariposas en el estómago. No lo entendía, en esos momentos mi cabeza era todo un caos, información revuelta en el espacio del que surgiría un enorme agujero negro. Pero la cuestión principal y en la que estaba centrada mi mente fue...
 
¿Era posible que me hubiese enamorado?